EL NUEVO TEATRO DE LA COCINA

Jan 16, 2026 | Actualidad, Contenido, Gastronomía, Opinión

Hoy hay más contenido gastronómico que nunca. Más recetas, más chefs, más creadores, más reels, más todo. Y creo que nunca en la historia habíamos hablado tanto de comida… y, paradójicamente, nunca había importado tan poco cocinar bien.

El problema no es que haya mucho contenido. El problema es que el “sistema” que lo ordena, lo muestra y lo vuelve relevante no está diseñado para premiar la excelencia, el criterio o el sabor. Está diseñado para premiar el estímulo. El teatro. La exageración.

Al algoritmo no le importa si un plato está bien hecho, si la técnica está bien, si el producto es bueno o si la receta tiene sentido. Solo le importa si llama la atención. Si genera reacción. Si hace que alguien se quede tres segundos viendo la pinche pantalla. Aunque sea por morbo, enojo o porque está mal hecho.

Y ahí empieza el pedo.

De pronto, la opinión del que si sabe pesa lo mismo que la del que no tiene ni puta idea, pero le hace más a la mamada. La técnica se vuelve irrelevante frente a lo teatral. El proceso frente al resultado. Y poco a poco, sin darnos cuenta, empezamos a confundir popularidad con calidad, alcance con verdad y numero de vistas con valor real.

El último año he estado medio ausente de mis redes. No porque me haya cansado de crear, sino porque me encontré luchando una batalla interna. Tras años de cocinar en redes, el oficio me envolvió muy cabrón. Empecé a leer más, a estudiar más, a cocinar mucho más. A obsesionarme con técnicas, ingredientes y procesos.

Hice videos que para mí eran maravillosos. No por virales, sino por honestos. Por bien cocinados. Por bien pensados. Por tener alma. Y el sistema —el algoritmo y la gente— me escupió. Pasaron sin pena ni gloria. Como si no existieran. La neta eso caga el palo. Genera ansiedad y duda. Te hace preguntarte si vale la pena el fondo cuando lo que se premia es la forma. Ahí entendí algo que me costó aceptar: no le voy a ganar al sistema. No puedo obligar al algoritmo ni a la gente a valorar lo que yo valoro.

Al principio las redes nos hicieron creer que todos podíamos opinar de todo. Estaba bien, pero ahora el algoritmo nos está entrenando. Nos da dulces. Nos dice lo que queremos oír, ver, consumir.

El público se está volviendo adicto al estímulo. Y muchos creadores de contenido, adictos a gustar.

No todos, pero sí muchos, empiezan a cocinar para el algoritmo, no para el plato. Para lo viral, no para el sabor. Y aunque suene duro, ahí es donde la cocina empieza a perder peso frente al teatro.

Lo más cabrón es que no hablo desde afuera. Hablo desde dentro. Porque todos los que vivimos de esto somos, en mayor o menor medida, esclavos del sistema que criticamos. Sabemos cómo funciona. Sabemos qué le gusta la gente. Sabemos qué tiene potencial de ser viral. Y también sabemos qué las cosas más profundas y bien hechas, a veces no jalan igual.

Y entonces aparece el dinero. Y con el dinero, la tentación. Y con la tentación, el conflicto interno.

¿Cuánto de ti puedes torcer sin dejar de ser tú? ¿Cuánto puedes ceder sin traicionarte?

¿En qué momento dejas de comunicar lo que crees para empezar a comunicar lo que vende?

Hoy tengo muchas metas y muchas ganas de comunicar con la cocina. Aunque comunicar desde un lugar más profundo no me dé videos virales, voy a seguir aprendiendo, estudiando y cocinando. Me voy a aventurar a hacer cosas más profesionales, más exigentes, más importantes para mí.

Y claro que voy a seguir haciendo videos. Como siempre. Para la gente que me ha apoyado, que ha estado ahí siempre. Y es responsable de que todo esto exista.

Intentaré mantenerme fiel a lo que soy, a lo que creo, a lo que cocino y a lo que digo, aunque a veces no sea lo que más le convenga al algoritmo.

No prometo ser inquebrantable, pero sí consciente.

No prometo no escuchar al sistema, pero sí prometo no dejar que decida por mí.

Voy a intentar, en la medida de lo posible, no caer en la tentación de cambiar lo que digo por alcance, ni mi criterio por likes.

Y si alguna vez me ven valiendo verga, no será porque olvidé quién soy, sino porque estoy peleando por seguir siendo yo.


Por: Jesús Ponce @borrecito